Fueron 167 dÃas. Más de cinco meses, en los que Carlos Saúl Menem, que habÃa dejado el poder un año y medio antes luego de una década como presidente, estuvo en prisión domiciliaria.
Fue el primer presidente democrático en ser detenido durante otro gobierno democrático: Hipólito Yrigoyen, Arturo Frondizi e Isabel Perón fueron apresados por los regÃmenes de facto que los depusieron.
Su prisión fue muy distinta a la que hoy concita tanta atención en el paÃs, la de Cristina Fernández de Kirchner.
Una de las grandes diferencias entre las reclusiones de Menem y de Cristina es que al riojano se le ordenó en calidad de prisión preventiva algo que hoy no sucederÃa a menos que existiera flagrancia o peligro de fuga o de entorpecer la justicia. Ahora no bastan con condenas en primera instancia y en Cámara sino que hay que esperar, como en el caso de Cristina, la decisión de la Corte Suprema sobre los recursos presentados. Recién allà se considera firme la sentencia y por ende debe procederse a su aplicación. La otra diferencia evidente: Cristina conoce cuál es el tiempo de detención que le espera.
Alguna crónica de la época narra que el 7 de junio de 2001, Menem llegó a Comodoro Py acompañado por sus defensores, algún amigo y Cecilia Bolocco. Que luego de algún momento amable con el secretario del juzgado, tomando café y cumpliendo formalidades para la declaración indagatoria (los abogados anunciaron que no declararÃa y presentaron un escrito), apareció el Dr. Jorge Urso, el juez federal a cargo de la causa por el contrabando de armas a Ecuador y Croacia.
Se saludaron protocolarmente al tiempo que estudiaban el semblante del otro. Urso le agradeció por haberlo nombrado juez y luego le comunicó que lo procesaba por asociación ilÃcita y falsedad ideológica. Dijo que lo consideraban jefe de la banda que habÃa delinquido con el tráfico de armas. “¿Io jefe de una banda?â€, expresó entre perplejo y enojado el expresidente. Casi no volvió a hablar. Cuando el juez le informó que dictarÃa la prisión preventiva, el abogado se apresuró a sacar de su maletÃn el escrito en el que solicitaba la prisión domiciliaria: Menem acababa de cumplir 70. Postularon la quinta que Armando Gostanián tenÃa en Don Torcuato y el juzgado aceptó. De Comodoro Py el nuevo detenido se retiró en helicóptero.
Se barajaron varias posibilidades. El piso en el que vivÃan con Bolocco, otro de su propiedad sobre Avenida Libertador, una casa en un country y varios departamentos que estaban a nombre de Zulemita. Se inclinó finalmente por aceptar el ofrecimiento de su amigo Gostanián: la quinta espaciosa que poseÃa en Don Torcuato.
Gostanián era amigo de Menem, uno de los más fieles. Un personaje que se movÃa entre lo gracioso, lo grotesco, lo impune y lo pusilánime. Era dueño de la camiserÃa Rigars, habÃa dirigido la Casa de la Moneda y era un defensor a ultranza de cada medida, de cualquier avatar, menemista. Sin embargo, su acción más célebre fue la de emitir los Menemtruchos, billetes falsos con la cara de su amigo y jefe: casi una confesión.
Era una cárcel espaciosa y exclusiva. Y con una buena historia detrás. La quinta quedaba en Rafael Obligado 1450, muy cerca de la Ruta 202 y ocupaba media manzana. La casa principal tenÃa paredes blancas recién pintadas -Gostanián, previsor, habÃa mandado ponerla en condiciones por si su jefe debÃa recalar allÃ- y un techo de tejas: según de dónde se la mirara parecÃa un castillo.
En sus más de 6000 meros cuadrados contaba con:
8 dormitorios (tres de ellos en suite)
Dos quinchos
Una pileta amplia
Un lugar para el casero y el personal
Un patio andaluz con una fuente y un gran parque arbolado
Estaba ubicada en Don Torcuato pero en una zona llamada Barrio CrÃtica por sus habitantes. El dueño original de la propiedad habÃa sido Natalio Botana, el fundador y dueño de ese diario, el más popular en la primera mitad del Siglo XX. En terrenos que habÃan pertenecido al presidente Marcelo T. de Alvear (de allà lo de Don Torcuato), Botana, bon vivant, poderoso y personaje excesivo, habÃa construido Los Naranjos, su quinta principal en la que en uno de los sótanos hizo que Siqueiros pintara uno de sus murales y donde Neruda tuvo un amorÃo con Blanca Luz Brum, pareja de Siqueiros, ante los ojos sorprendidos de GarcÃa Lorca. En esa quinta también ocurrió gran parte de la polÃtica (y sus componendas) de la década del 30. Además, Botana habÃa levantado en la zona la sede de su emporio cinematográfico: los Estudios Baires.
Durante los primeros dÃas de detención una multitud de curiosos, vecinos y periodistas permanecieron en la calle exterior de la propiedad. Para evitar el fisgoneo permanente, imitando a Passarella en sus épocas de DT de la Selección, Menem mandó a instalar una lona verde alta que cubriera todo el perÃmetro e impidiera que lo vieran de afuera.
Los dÃas pasaban lentos. RecibÃa bastantes visitas y convivÃa con Bolocco pero era una vida demasiado sosegada para sus estándares. Extrañaba, entre muchas otras cosas, el golf.
LeÃa -una de las pocas fotos que consiguieron de su encierro fue de él leyendo bajo un árbol-, jugaba a las cartas, juegos de mesa, hablaba de polÃtica y veÃa fútbol por televisión.
No faltaron los rumores y los mitos. Algunos decÃan que la quinta contaba con unos túneles, construidos por Botana, que permitÃan que de noche el expresidente se escapara. También se llegó a decir que habÃa un doble al que oportunamente acercaban a una ventana para que pareciera que Menem permanecÃa en la casa mientras el real salÃa de juerga.
Pasados unos dÃas comenzó a invadirlo una sensación incómoda, opresiva: la ansiedad, la incertidumbre de no saber cuál serÃa su futuro. Al principio pensaron - tal vez los abogados le prometieron- que al mes ya estarÃa libre. Pero no fue asà y con el paso de las semanas el agobio fue creciendo. Se preguntaba si lo dejarÃan encerrado hasta el juicio oral.
Menem ya habÃa estado preso
Menem ya habÃa estado preso durante gran parte de la Dictadura. Desde el 24 de marzo de 1976 hasta principios de 1981 pasó por distintos lugares. Un regimiento, un barco, Magdalena, Mar del Plata, Tandil y Las Lomitas (dónde conoció a Martha Meza y tuvieron a Carlos Nair, reconocido más de dos décadas después por el padre). Siendo más joven, en circunstancias mucho más adversas, con real peligro para su vida, se podrÃa suponer que a la altura de la nueva detención, Menem ya estaba curtido y que la situación podÃa ser menos grave para él que para otro. Pero muchos cuentan que no fue asÃ. En los medios de la época se sostenÃa que debieron recetarle antidepresivos y que estaba demasiado pendiente de lo que sucedÃa afuera.
No se equivocaba: los avatares polÃticos de ese paÃs convulsionado, en estado de descomposición, influÃan en su situación procesal. A los cuatro meses de estar detenido, la derrota de la Alianza en las elecciones legislativas fue clave para que lo liberaran. De la Rúa intentaba utilizarlo para frenar el avance de Duhalde y de los gobernadores peronistas fortalecidos. De hecho, ya en libertad, De la Rúa se juntó con Menem, su antecesor, en la Casa Rosada una semana antes de su caÃda. Ya era demasiado tarde. Otro dato de ese encuentro que tomó relevancia posteriormente: esa fue la última vez que Menem ingresó a la Casa Rosada pese a que morirÃa 20 años después.
En su amplia prisión de Don Torcuato recibÃa las visitas de sus laderos más fieles como Alberto Kohan, su hermano Eduardo, Ramón Hernandez, Corach y, por supuesto, Gostanián. Era llamado por figuras del deporte y la polÃtica. Gerardo Sofovich pasaba por las noches para jugar al truco y ver juntos alguna pelÃcula. Durante los primeros meses Zulemita no lo visitaba, todavÃa seguÃan los resquemores. Su hija recién cedió en las últimas semanas. Otro frecuente visitante fue Daniel Scioli, convertido en esos dÃas en el vocero más activo del expresidente. En uno de los juicios más errados de la historia de la polÃtica argentina contemporánea, Carlos Menem dijo: “Es el más fiel de todosâ€.
También vivÃan allà varios empleados de servicio y un par de secretarios y asistentes personales de Bolocco.
Después de unos primeros dÃas muy intensos, la actividad fuera de la quinta se fue apaciguando aunque siempre permanecieron grupos de personas que no dejaron de alterar la habitual paz del barrio. HabÃa ruido todo el dÃa, autos estacionados en lugares indebidos, gente haciendo -ante la falta de baños quÃmicos- sus necesidades en cualquier lado, los móviles periodÃsticos y, varias veces por semana, el Tula y su bombo. Algunos vecinos estaban muy pendientes de los movimientos dentro de la quinta, aprovechando la vista privilegiada que les deba el piso superior de su casa, una terraza o el jardÃn lindero: habÃan llegado a un acuerdo con las dos revistas de actualidad más importantes del momento para captar imágenes exclusivas y vendérselas. Una tapa con una foto de Menem en la intimidad de su reclusión significaba un incremento de venta de decenas de miles de ejemplares.
En fechas especiales, el tráfico se incrementaba. El 17 de octubre hubo una pequeña marcha con bombos y banderas. Para el DÃa del Niño se montó un camión que repartÃa juguetes a los chicos que se acercaban y que por un parlante propalaba con insistencia la marcha peronista cantada por Hugo del Carril.
Pasados unos meses, Menem comprendió que los lugares comunes no son más que eso, que fórmulas que se repiten sin pensar, de manera mecánica. Se habla de la soledad del poder. Pese a las visitas de sus amigos, supo que la soledad del poder no era tal. O que al menos, era mucho más cruel y terminante la soledad del que tuvo (mucho) poder y lo perdió.
Por momentos se sentÃa demasiado solo y valoró los gestos de quienes se acercaron a él. En El Coti, la biografÃa del Coti Nosiglia escrita por DarÃo Gallo, se cuenta que Nosiglia lo llamó durante el encierro para expresarle su solidaridad, para mostrarle que no lo abandonaba pese a las diferencias polÃticas. Menem mostró enorme gratitud hacia ese gesto.
El 20 de noviembre de 2001 salió en su ayuda, una vez más, la Corte Suprema de la mayorÃa automática, su Corte Suprema. Los jueces dijeron que no estaba probada la asociación ilÃcita y que la falsedad ideológica no era posible en un caso de este tipo. Menem recuperó la libertad de inmediato.
Regresó ese mismo dÃa a La Rioja. Fue recibido por militantes en el aeropuerto y en Anillaco se organizó una caravana para celebrar su liberación. Envalentonado, Carlos Menem anunció su postulación para presidente para las elecciones presidenciales de 2003. Ya se sabe que competirÃa pero también que faltaba que ocurrieran demasiadas cosas hasta esa fecha: el panorama al momento de votar serÃa totalmente diferente.
En los años siguientes, Menem ya no volverÃa a prisión pese a que varias de las causas en su contra avanzaron y fue condenado. En tres fue encontrado culpable: la venta de armas a Ecuador y Croacia, los sobresueldos del gabinete y las irregularidades en la venta del Predio de la Rural. Los tribunales superiores, muchos años después, las fueron desbaratando por lo general con el argumento de que habÃa pasado el plazo razonable para dictar sentencia o por prescripción.
La causa de las armas habÃa iniciado en 1995 por una denuncia de Ricardo Monner Sanz. Recién tuvo sentencia en 2011. En el juicio oral, Menem fue absuelto. Pero en 2017, la Cámara de Casación lo condenó a 7 años de prisión por contrabando agravado. El expediente llegó a la Corte que lo devolvió a Casación que por fin lo cerró por considerar que se habÃa producido la prescripción.
También se valió de la Doctrina Pichetto por la cual la Cámara Alta estableció que no se procede al desafuero de ningún senador hasta que la Corte Suprema no deje firme la sentencia. De esa manera, Menem quedó cobijado en el Senado y en sus fueros para no perder la libertad dando a cambio el voto al gobierno kirchnerista cada vez que lo necesitaba.
Un ejemplo evidente de la morosidad de los tribunales con Menem. Recién en 2019 un juez dio la orden de peritar los patrimonios del expresidente, de Zulema Yoma y de su hija Zulemita.
Después de este momento de celebridad, la quinta de Don Torcuato perdió centralidad. En algún momento, sin nadie que la habitara avanzó sobre ella el deterioro. Fue convertida en depósito de autos nuevos y usados de una concesionaria cercana. Hasta que hace unos años el terreno fue vendido a una desarrolladora inmobiliaria que tiró abajo cada una de sus construcciones y cada uno de los árboles. Construyeron un centro comercial en el que abundan los locales gastronómicos. Hoy en el lugar en el que Carlos Menem estuvo detenido conviven una pizzerÃa de una conocida cadena y un negocio de venta de pollo frito.